





















Pasada la crisis que afectó a los primeros años de la década de los noventa, el Grupo Pujol necesitaba mano de obra especializada para ejecutar trabajos de ferralla. Se precisaba de operarios, que fuesen capaces de interpretar los planos de les estructuras a montar y proceder a su ejecución. No se encontraba este tipo de personal. La inmigración, no era una alternativa.
Por las especiales particularidades de la zona, se observó que existía una bolsa potencial de ocupación oculta en la población femenina, que con unas condiciones adecuadas, podría muy bién desarrollar este trabajo. En este caso, turnos de cuatro horas, con horarios compatibles con las ocupaciones personales de las trabajadoras potenciales.
Así surgió Ferrofet Catalana, empresa dedicada a la elaboración y montaje de armaduras para hormigón armado, con una producción mensual que gira alrededor de las 1.500 toneladas, mediante métodos innovadores y maquinaria de última generación.
La empresa ha obtenido el reconocimiento de las administraciones públicas, en el ámbito de Catalunya (Premio de la Conselleria de Treball), en el ámbito estatal (Premio del Ministerio de Industria) y en el ámbito de la Unión Europea, la participación en un estudio derivado del Libro Verde Europeo sobre responsabilidad social de la empresa. También ha obtenido el reconocimiento de la sociedad civil, con diversos premios, donde destaca el de la Asociación de Mujeres Emprendedoras y Empresarias.
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